Hoy hablamos en la sección #AlumnosCIESE con Marina Serrano, exalumna del Grado en Estudios Hispánicos del CIESE-Fundación Comillas. Serrano vuelve a la Biblioteca de la Fundación Comillas, en la que tantas horas pasó como estudiante, para presentar su poemario Musgo y dientes.

Marina Serrano es fotógrafa, diseñadora gráfica, filóloga hispánica, docente y poeta, radicada en Cantabria desde el 2011. Nacida en Cádiz en 1984, es poeta y fotógrafa, entre otras cosas. Reside en Torrelavega desde hace varios años. Es la autora de títulos como Después de tanto arder (2019) y Amar a mares, morir a lunas (2021) y ha realizado exposiciones fotográficas en espacios tanto nacionales como internacionales. Musgo y dientes, es su nueva y última entrega poética.

Vuelves al CIESE-Fundación Comillas, donde te graduaste en 2022, para presentar tu poemario Musgo y dientes. Una obra que nace a partir del fallecimiento de tu padre, al que estabas muy unida. Justo fue a él a quien le prometiste hacer la carrera en Estudios Hispánicos. Hoy nos visitas con la promesa cumplida y con un poemario que ha sido distinguido con el 1º Premio del Certamen de Poesía Aliar 2024. ¿Cómo te sientes al volver a la que fue tu casa? ¿Qué recuerdos guardas de tu paso por el CIESE-Fundación Comillas?

Regresar al lugar donde pasé varios años no solo formándome académicamente, sino creciendo interiormente como persona y como artista, tiene algo de cierre y de regreso al origen. Desde el primer momento supe que el CIESE era el lugar idóneo, no solo por lo inspirador del entorno, sino por los profesores y el equipo humano que lo conforma. De aquí no salí únicamente con un título, sino con vínculos profundos y experiencias que me han acompañado hasta hoy.

En mi caso particular, retomar los estudios ya con cierta edad me permitió vivir este proceso desde otra mirada, con más madurez y libertad. No estudiaba por obligación, sino por el deseo genuino de hacerlo y disfrutarlo. Además, formaba parte de una promesa que le hice a mi padre, quien se disgustó mucho cuando dejé esta carrera a medias durante mi etapa universitaria en Sevilla. En aquel momento decidí centrarme en la fotografía, pero siempre supe que la literatura no era una puerta cerrada. Creo que todo tiene su proceso y su germinación y, curiosamente, haber transitado ambas vertientes me ha permitido desarrollar un lenguaje propio con el que hoy me identifico y me siento cómoda trabajando.

Lamentablemente, mi padre falleció un año antes de que me graduara, pero pude decirle en sus últimos días que la promesa seguía en pie y que sabía que estaría conmigo el día de la graduación. Entre los recuerdos que guardo del CIESE destaco, sobre todo, los momentos compartidos con compañeros y profesores, el buen ambiente que se respiraba y los paseos por los alrededores, disfrutando del paisaje en mis horas libres. Cada persona y cada instante forman parte de lo que soy hoy.

¿Qué consejo les darías a los actuales estudiantes del Grado en Estudios Hispánicos y que hoy asisten como público a la presentación de tu libro?

Les diría que aprovechen este tiempo no solo para formarse, sino para escucharse. Que lean mucho, pero que también escriban, aunque sientan que lo que hacen no es “suficiente”. La voz propia no aparece de golpe: se construye trabajando, dudando y siendo honestos con uno mismo. Y que entiendan la filología no sólo como una salida profesional, sino como una forma de estar en el mundo, de mirar con más profundidad, sensibilidad, pensamiento crítico y gratitud.

¿Recuerdas cuándo comenzaste a escribir poemas?

Sí, lo recuerdo con bastante claridad. De pequeña siempre decía que quería ser escritora y profesora, y hoy puedo sentirme satisfecha por haber cumplido ambos sueños. Al principio me imaginaba más escribiendo narrativa —de hecho, tengo una especie de autobiografía escrita desde los seis hasta los veinte años—, pero la poesía llegó casi como un juego. Con el tiempo me la fui tomando más en serio y, ya en el instituto, gané varios certámenes poéticos.

Recuerdo muy bien los primeros libros que me marcaron: Rimas y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer y Las flores del mal de Charles Baudelaire. Eran prácticamente los únicos libros de poesía que había en casa y me los sabía de memoria. Más adelante descubrí la poesía de Alfonsina Storni y ahí supe que siempre sería una de mis referentes favoritas.

Musgo y dientes es un poemario que recorre el duelo desde la figura del pájaro como símbolo del tránsito entre la vida y la muerte. Sin embargo, “musgo” y “dientes” son dos sustantivos que a priori no parecen tener mucha relación entre sí. ¿Qué más hay detrás de este título?

Durante los últimos días de vida de mi padre, cuando estuve a su lado en el hospital, esas dos palabras comenzaron a aparecer en mi mente casi como un presagio. Supe que, si algún día materializaba todo ese dolor, ese sería el título. Musgo y dientes plantea una contraposición entre vida y muerte.

El musgo alude a lo que recrece sobre la piedra fría de las tumbas, a ese tacto húmedo de lo que sigue vivo y se abre paso con el tiempo. Los dientes, en cambio, funcionan como un símbolo cíclico que nos acompaña desde el inicio: aparecen pequeños y afilados en la infancia y se van desgastando, amarilleando o perdiéndose con la edad. Hablar de dientes es hablar del paso del tiempo, de la infancia, de la juventud, de la maternidad y también de la vejez y la pérdida, como la ausencia de dientes en la boca de mi padre.

Aunque proceden de campos semánticos distintos, musgo y dientes coinciden en una misma imagen: el tránsito vital, desde que nacemos hasta que morimos.

Recuerdo muy bien los primeros libros que me marcaron: Rimas y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer y Las flores del mal de Charles Baudelaire.

Desde el 2020 hasta la actualidad, has publicado cinco proyectos poéticos-fotográficos (El Antídoto, Thalassa, 21 gramos, Musgo y dientes y La sombra del vuelo). ¿Quiénes son tus referentes, tanto en el campo de la imagen como en el de la poesía?

Mis referentes son muchos y muy diversos, y me resulta difícil enumerar solo algunos, ya que la poesía ha estado siempre muy presente en mi vida. Aun así, hay autoras y autores que me han marcado de manera especial, como Federico García Lorca, Alejandra Pizarnik, Patricia Conor, Ángeles Carnacea, Vania Vargas, Blanca Varela, María Mercedes Carranza, Jorge Pérez Cebrián, Rosario Castellanos, Piedad Bonnett, Olvido García Valdés y, por supuesto, Alfonsina Storni. También me interesa especialmente la literatura oscura e insólita, con autoras como Pilar Adón, Shirley Jackson o Sara Mesa, así como figuras fundamentales como Edgar Allan Poe.

En el ámbito de la imagen me atrae especialmente la fotografía conceptual y el trabajo de artistas que cruzan disciplinas, donde la imagen no ilustra el texto, sino que dialoga con él. En ese sentido, me han influido mucho Francesca Woodman y Duane Michals. En pintura, artistas como Remedios Varo, Leonora Carrington, María Izquierdo o Dorothea Tanning han sido una fuente constante de inspiración. Más que referentes aislados, me interesan los lenguajes que convergen entre sí.

¿Dónde encuentras la inspiración para tus trabajos?

La inspiración suele surgir de lo cotidiano, del cuerpo, de la memoria y del inconsciente. Trabajo mucho con la escritura automática y con procesos no completamente racionales. Me interesa dejar espacio a lo que aparece sin ser llamado, a lo que insiste. Por eso, más que una cuestión de dónde o cuándo, la inspiración tiene que ver con el cómo.

Evitar el ruido, dormir y recordar los sueños, meditar o simplemente dejar descansar la mente son formas de abrirme a palabras e imágenes que siento antiguas, como si siempre hubieran estado ahí, esperando su momento de manifestación. A veces una imagen genera un poema; otras, un texto pide convertirse en imagen. Pero siempre estoy mostrando y entregando una parte de mí: no concibo lo que hago sin involucrarme por completo, sin rasgar, de algún modo, las vestiduras de mi propia alma.

Y, por último, ¿ya tienes algún nuevo proyecto en mente para este año?

Sí. De hecho, en marzo expondré un proyecto que comparte título con el poemario, Musgo y dientes. Son fotografías realizadas entre 2022 y la actualidad que, por distintos motivos, no encontraba el momento adecuado para mostrar, porque sentía que el proyecto aún no estaba cerrado. Cuando me propusieron exponer en la sala Mauro Muriedas decidí retomarlo y fue casi un acto intuitivo: aparecieron las imágenes que faltaban y todo empezó a encajar.

Por primera vez voy a aunar fotografía con intervención manual. Habrá muestras orgánicas en portas de cristal que dialogarán con las imágenes, así como elementos naturales que sobresaldrán de la obra, como si hubieran nacido de ella. Es una propuesta arriesgada y creo que sorprenderá.

Además, abordaré una cuestión muy actual como es el uso de la inteligencia artificial. Del mismo modo que trabajo con poesía e imagen, entrenaré la IA con mis propios dibujos y le pediré que genere una pieza inspirada en mis poemas. El resultado será un diálogo entre mi obra fotográfica y la obra creada por la IA a partir de mi propio lenguaje. El cierre del proyecto serán las obras intervenidas de manera orgánica, las únicas que no tendrán un equivalente generado por IA, porque hay materiales —como la leche materna— imposibles de traducir o simular artificialmente.

Paralelamente, además de participar en varias exposiciones colectivas previstas para este año, me encuentro inmersa en la escritura de un nuevo poemario, que estoy desarrollando con calma y sin prisa por cerrarlo. Asimismo, estoy trabajando en la redacción de un ensayo vinculado a la investigación que realicé en mi Trabajo Fin de Grado, centrado en la melancolía, la depresión y la idea de la profecía autocumplida en poetas que se suicidaron en la mar. Me gusta mantenerme activa en mis estudios y, en este sentido, mi deseo a corto plazo es iniciar un doctorado en Artes y Humanidades, con la intención de seguir profundizando en la investigación y en el cruce entre creación artística, palabra e imagen.

Muchas gracias, Marina por participar en esta entrevista y muchos éxitos para el futuro.

SOBRE CIESE-FUNDACIÓN COMILLAS

El CIESE, Centro Internacional de Estudios Superiores del Español, de la Fundación Comillas es un centro universitario dedicado a la enseñanza, investigación y difusión de la lengua española y la cultura hispánica. Su condición de centro adscrito a la Universidad de Cantabria le permite la posibilidad de ofertar titulaciones universitarias de carácter oficial, como el Grado en Estudios Hispánicos o el Máster en Enseñanza de ELE.