Destacados

Metodología pasiva vs. activa

Publicada: 27 de marzo de 2018

 

Eres profesor, comienza la preparación del curso y seguro que te has planteado, una y otra vez, cuál será la metodología más adecuada para impartir la materia a los alumnos. Desde el Centro Universitario CIESE-Comillas queremos exponer dos de los métodos más usados actualmente: el pasivo/tradicional y el activo. Esperamos que os guste y os sirva como referencia para vuestras próximas clases.

No existe una fórmula concreta ni correcta o equivocada para enseñar. Todo depende de varios factores: el alumnado, la materia, de los medios con que cuenta el centro docente y del profesor. Sin embargo, existen guías o métodos que puedes adaptar y usar para el desarrollo de tus clases.

La metodología activa es una de ellas y se da cuando el desarrollo del aprendizaje y de la clase es protagonizado por los estudiantes y no por el profesor. La figura del profesor se convierte en un coordinador, un guía que les orienta y les ayuda desde un segundo plano. Este método hace a los alumnos estar en contacto directo con la forma de aprender, convirtiéndoles en descubridores del conocimiento, en lugar de meros receptores de información. O lo que es lo mismo, dejan de recibir conocimientos para aprender a aprenderlos.

Otro método que lleva vigente en las aulas mucho más tiempo que el anterior es la metodología pasiva, es decir, la metodología de enfoque disciplinar. El papel protagonista aquí es para el profesor, encargado de desarrollar la clase y el aprendizaje a través de la transmisión verbal. Los alumnos se convierten en receptores sentados en sus pupitres, tomando apuntes sobre lo que el maestro les expone o dicta, para su posterior memorización. Como elementos extra aparecen la pizarra tradicional o digital y libros de texto.

Aunque actualmente muchos profesores se decantan por la metodología pasiva, son cada vez más los maestros que apuestan por el mayor rendimiento y beneficio de la metodología activa. Pero hay que tener cuidado porque este método también tiene sus inconvenientes. Aquí os dejamos sus pros y contras:

Beneficios:

1.Motivación: los alumnos se involucran en primera persona con el concepto. Resuelven problemas o viven situaciones reales, lo que les hace poner mayor esfuerzo intelectual en la tarea y en las materias, mostrando más interés por la asignatura.

2.Mayor retención: la implicación y la obligación de los alumnos a explicar por sí solos los conceptos hace que la información sea recordada por un largo plazo de tiempo. Incluso más allá del examen.

3.Mejora la participación: las actividades suelen ser grupales, lo que fomenta el trabajo en equipo y mejora las capacidades sociales y comunicativas de los alumnos.

 

Inconvenientes:

1.Clase imprevisible: el ritmo y el desarrollo de la clase puede volverse imprevisible e incontrolable para el profesor, ya que es un método interactivo donde los alumnos experimentan y descubren. Nunca sabes como van a reaccionar, por lo que hay que tener grandes dosis de creatividad.

2.Materia “demasiado” larga: es vital controlar muy bien el tiempo de las actividades. Si les dedicas más tiempo del debido puede ser que no llegues a dar toda la materia prevista para el curso.

3.Alumnos descontentos: No todos los alumnos quieren ser partícipes de este método. Por diversas razones muchos prefieren escuchar y apuntar, antes de interactuar con sus compañeros y formar equipos.

 

El mundo de la enseñanza es impredecible e inacabable, con mil maneras por impartir y enseñar. Nosotros te hemos presentado dos, ahora está en tus manos qué elegir y cómo usarlo. Lo importante siempre es enseñar/aprender con ilusión y motivación.

« Volver a actualidad