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Las huellas de la Historia en el idioma español

Publicada: 20 de enero de 2017

El diccionario es una herramienta fundamental para apoyarnos en el conocimiento de una lengua, resolviendo nuestras dudas y abriendo las puertas del idioma de par en par con el fin de enriquecer nuestro léxico. Pero aún hay más, a través del diccionario podemos también conocer nuestra propia historia.

Y es que si a un lado ponemos un cronograma de cómo han sido los últimos 2000 años de Iberia, Hispania, los sucesivos reinos que protagonizaron la Reconquista, y finalmente lo que hoy conocemos como España, y al otro el diccionario, encontraremos muchas evidencias de las huellas que han ido dejando los diversos hitos que han marcado nuestra historia.

Además, a ello se une la particularidad de que a todo lo que sucedió a este lado del Atlántico, se unen las aportaciones que en los últimos 500 años ha realizado el continente americano. 

El latín, origen de la mayoría de las lenguas del sur de Europa, se transformó en español, francés, o italiano, y a partir de ahí cada área geográfica vivió su propia evolución. En lo que hoy es España, con la llegada del Islam, hicieron su aparición también la almohada, la alforja, el elíxir o el zafiro. Los judíos, antes de su expulsión, nos dejaron palabras como rabino, maná, o Moisés.

De América nos llegaron chocolate, aguacate, o la papa, jitomate. O cómo olvidar al rey de origen germánico, Carlos I de España y V de Alemania, y la fuerte presencia de la Corona Española, en Flandes. Llegaron a nuestro léxico brindis, káiser, babor, flete, cabaret, crujir, flamenco, o maniquí.

En el Renacimiento, por la influencia del italiano y nuestra presencia en el país transalpino, que en aquel entonces era un crisol de pequeños reinos, aparecieron vocablos como piano, pistola o escopeta. Tanto la cercanía geográfica como la invasión napoleónica, trajeron consigo de Francia palabras como bebé, chofer, boutique, bitácora, bombón, o gendarme.

Hoy en día, el conocido como “spanglish”, mezcla de nuestro idioma y el inglés, está haciendo germinar en América, especialmente al sur de Estados Unidos, un por ahora dialecto que, independientemente de cómo evolucione en el futuro, nos demuestra que las lenguas están vivas y se transforman acompasadamente con nuestra historia. 

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